Por: Osmen
Wiston Ospino Zarate
Para
escribir ese vallenato de más de 300 páginas que los latinoamericanos
consideramos el catecismo sociocultural que nos representa ante los ojos del
mundo, y por el cual, un día cualquiera del remoto año de 1982, acompañado de
sus amigos entrañables, de esa música terrígena que siempre le asaltó las
nostalgias del corazón, cantada con el sabor vernáculo de la voz de Poncho
Zuleta, a esa rapsodia encantadora, llamada “Cien años de soledad”, le
entregaban un sofisticado galardón literario, de esos que todo escritor rechaza
en público, pero que adora en la intimidad, denominado Premio Nobel.
