Por: Isabel Garzo
En la mayoría de los cursos de expresión escrita o de los manuales de
estilo de medios de comunicación se aconseja utilizar pocos gerundios. Hay
profesores que, directamente, los prohíben: ante la duda, mejor no arriesgarse
(piensan).
¿Qué han hecho los pobres gerundios para estar tan mal valorados? No
se trata solo de que el abuso de los mismos añada al texto una sonoridad que no
resulta agradable, aun cuando su uso es correcto. El principal problema es que
su uso incorrecto en algunos contextos se está extendiendo sobremanera, y las
frases resultantes atentan contra la semántica: no significan lo que sus
autores creen que significan.

